Cuando una pareja se separa
Separarse rara vez es un solo trámite: suele abrir tres planos distintos, que no siempre se resuelven juntos. El vínculo —el divorcio o la terminación de la unión de hecho pone fin a la relación jurídica—; los hijos —su tenencia, visitas y alimentos se deciden aparte—; y el patrimonio —la sociedad conyugal se disuelve y luego se liquida—. Un dato práctico: aun con hijos dependientes, el divorcio por mutuo consentimiento puede hacerse ante notario si su tenencia, visitas y alimentos ya están resueltos por acta de mediación o resolución judicial.
Ver separación →Cuando hay hijos
Al separarse, tres cosas suelen confundirse y son distintas. La patria potestad es el conjunto de deberes y facultades de los padres sobre el hijo —cuidarlo, educarlo, representarlo—: el divorcio no la termina por sí solo y, como regla, ambos progenitores la conservan. La tenencia es con quién vive habitualmente el hijo, y puede confiarse a uno sin que el otro pierda la patria potestad. Las visitas son cómo el progenitor con quien el hijo no vive mantiene la relación. Que tu hijo viva con el otro no significa que dejes de decidir sobre él.
Ver hijos →Cuando hay bienes
Divorciarse no reparte los bienes automáticamente, y no es un 50/50 de todo. Son pasos distintos: la disolución —el divorcio termina la sociedad conyugal—; el inventario y las recompensas —se separa qué es propio de cada uno, como herencias, donaciones o bienes anteriores, y qué le debe la sociedad—; y la liquidación —recién sobre el residuo, los gananciales, se divide por mitades—. Por eso “lo compré durante el matrimonio” no basta para saber de quién es un bien.
Ver patrimonio →